El crecimiento se apoyó en la inversión, el consumo público y el gasto privado; sin embargo, el dato económico todavía debe traducirse en empleo de calidad, mejores ingresos y menor incertidumbre.
Mayo 23, 2026 |
El Producto Bruto Interno del Perú creció 3.5% en el primer trimestre de 2026, en comparación con el mismo periodo del año anterior, impulsado principalmente por la demanda interna, informó el Instituto Nacional de Estadística e Informática.
El dato confirma una señal positiva para la economía peruana en el arranque del año. Según el INEI, la demanda interna avanzó 7.0%, empujada por el crecimiento de la inversión bruta fija, el consumo del Gobierno y el consumo privado.
La inversión bruta fija fue uno de los motores principales, con un crecimiento de 11.9%. Dentro de este resultado destacó la inversión privada, que aumentó 15.9%, asociada a la ampliación y remodelación de viviendas, edificios no residenciales y obras de ingeniería civil. También contribuyeron el avance de la construcción y la adquisición de maquinaria y equipo.
El consumo privado, por su parte, creció 3.6%, sostenido por el incremento del empleo y de los ingresos laborales. Este punto es clave porque muestra que una parte del dinamismo económico viene del gasto de los hogares, aunque todavía queda por ver si esa mejora alcanza de manera uniforme a las familias peruanas.
El consumo final del Gobierno también registró un avance importante de 7.2%, explicado por mayores gastos en personal, obligaciones sociales, bienes y servicios. Las actividades que más contribuyeron fueron administración pública y defensa, salud pública y educación pública.
Sin embargo, la lectura de fondo va más allá del porcentaje. Que la economía crezca es una buena noticia, pero el verdadero termómetro político y social está en la calle: precios, empleo, ingresos, consumo familiar y sensación de estabilidad. Una cifra positiva del PBI no necesariamente cambia de inmediato la percepción ciudadana si el bolsillo sigue ajustado.
También hay un dato que merece atención: las importaciones de bienes y servicios aumentaron 12.6%, mientras que las exportaciones crecieron solo 1.3%. Esto puede reflejar mayor actividad interna, pero también abre una alerta sobre la necesidad de fortalecer la competitividad exportadora y no depender únicamente del impulso de la demanda local.
En el frente externo, las exportaciones tradicionales crecieron, destacando productos agrícolas y mineros; sin embargo, los envíos no tradicionales retrocedieron 1.6%. Esa diferencia muestra que el país sigue apoyándose en sectores tradicionales, mientras enfrenta el reto pendiente de diversificar mejor su matriz productiva.
La “pepa” de este dato económico es clara: el Perú está creciendo, pero todavía no necesariamente está transformando ese crecimiento en una mejora visible y pareja para todos. En plena campaña electoral, el PBI será usado como argumento de estabilidad, pero la ciudadanía juzgará la economía desde una pregunta más simple: si alcanza o no alcanza para vivir mejor.





