El líder de Buen Gobierno insiste en que no apoyará a ninguno de los dos candidatos, pero al concentrar sus ataques en Roberto Sánchez y el Movadef, su papel político se acerca más a una contra campaña contra Juntos por el Perú que a una neutralidad efectiva.
Junio 6, 2026 |
Jorge Nieto volvió a colocarse en el centro de la segunda vuelta presidencial. El líder del Partido del Buen Gobierno reafirmó que votará viciado, pero al mismo tiempo lanzó una dura acusación contra Roberto Sánchez al señalar que el candidato de Juntos por el Perú “miente” cuando niega la presencia de personas vinculadas al Movadef en su entorno político.
En una entrevista citada por Perú21, Nieto sostuvo que una de sus razones centrales para no alinearse con Sánchez es la presencia de fundadores del Movadef en la bancada de Juntos por el Perú. “Lo acaba de negar Roberto Sánchez en una entrevista. Lo acaba de negar, pero él está mintiendo y él sabe que está mintiendo”, afirmó.
El excandidato presidencial también aseguró que puede dar nombres concretos de congresistas provenientes de esas canteras y apeló al Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación para justificar su rechazo a cualquier alianza con ese sector. Además, planteó una pregunta política de fondo: qué decidiría Sánchez si tuviera que escoger entre sus aliados académicos y los legisladores vinculados a Antauro Humala.
Formalmente, Nieto no se ha puesto el polo de Keiko Fujimori. Por el contrario, ha dicho que tanto Fujimori como Sánchez representan un riesgo para la democracia y ha defendido su decisión de promover el voto viciado. Gestión recogió que Nieto también cuestionó a Keiko por el indulto a Alberto Fujimori y rechazó que se insinúen pactos con Fuerza Popular.
Sin embargo, en política no solo importa lo que se declara, sino el efecto que produce una acción. Y allí aparece la lectura de fondo: si un actor decide no apoyar públicamente a una candidatura, pero concentra su ofensiva en destruir la credibilidad del rival de esa candidatura, termina cumpliendo una función de contra campaña.
Eso es lo que ocurre con Nieto. No aparece como aliado formal de Keiko, pero su discurso golpea directamente a Roberto Sánchez en uno de los flancos más sensibles de la campaña: el miedo al radicalismo, el Movadef, Antauro Humala y la capacidad real de Juntos por el Perú para gobernar sin quedar atrapado por sus sectores más extremos.
La diferencia es importante. Un respaldo abierto a Keiko podría tener costos para Nieto, especialmente porque su partido intenta proyectarse como una alternativa distinta a los dos polos. Pero una contra campaña contra Sánchez le permite ocupar otro rol: no se suma formalmente a Fuerza Popular, pero ayuda a instalar dudas sobre el adversario de Fujimori.
La República informó que Nieto invitó a sus electores a viciar el voto y sostuvo que Buen Gobierno será oposición a cualquiera de los dos candidatos que gane la elección. También señaló que Roberto Sánchez lo invitó a conversar de cara a la segunda vuelta, aunque la reunión no llegó a concretarse por problemas de agenda.
Ese dato no es menor. Cuando una candidatura busca negociar o acercarse a un actor político y ese actor decide no ponerse el polo, puede asumir otro papel: marcar distancia y, al mismo tiempo, golpear al rival que no logró incorporarlo. En campaña, eso también vale. No siempre se apoya levantando la mano; a veces se ayuda desgastando al contrario.
El punto clave está en el electorado de Nieto. Según una encuesta de Ipsos citada por Infobae, entre quienes votaron por Jorge Nieto en primera vuelta, 33% se inclinaría por Keiko Fujimori, 31% por Roberto Sánchez, 23% optaría por blanco o viciado y 13% aún no precisaba su decisión. Es decir, su base electoral no está completamente alineada con una sola candidatura y puede inclinar el resultado en una elección cerrada.
Por eso, cada declaración de Nieto tiene valor político. No porque controle mecánicamente el voto de sus electores, sino porque puede orientar percepciones en un sector que aún duda entre votar por Keiko, votar por Sánchez, viciar o no definir una posición clara.
La ofensiva contra Sánchez también calza con una estrategia que beneficia a Fuerza Popular: colocar la discusión en torno al Movadef, el etnocacerismo y la supuesta radicalización de Juntos por el Perú. Esa narrativa obliga a Sánchez a defenderse, explicar alianzas, hacer deslindes y responder acusaciones, en lugar de concentrarse en propuestas o en atacar el historial político del fujimorismo.
Nieto insiste en que su posición es el voto viciado. Pero su intervención pública no se agota en esa consigna. Al señalar que Sánchez “miente”, al insistir en los vínculos con el Movadef y al cuestionar la composición de su eventual bancada, está entrando de lleno en el terreno de la campaña negativa contra Juntos por el Perú.
La lectura política es clara: Nieto no necesita pedir el voto por Keiko para terminar favoreciéndola. Le basta con debilitar a Sánchez en el tramo final de la campaña, especialmente ante votantes moderados, indecisos o temerosos de un gobierno condicionado por sectores radicales.
En una segunda vuelta ajustada, el papel de los excandidatos no se mide solo por sus endosos formales. También se mide por a quién golpean, a quién desgastan y qué miedo ayudan a instalar. En ese terreno, Jorge Nieto dice que está fuera de los dos bandos, pero sus dardos más duros hoy caen sobre Roberto Sánchez.




